DpresiON

"No reconocerse" de Mario Sarramián

Depresión ON, depresión OFF. Un interruptor que se enciende por múltiples causas y se apaga con la pareja de tratamiento farmacológico y psicológico. El porcentaje de personas que sufren depresión es casi el mismo que en el caso de la diabetes (6,9% vs 6,8%) en España. Si filtramos el dato separando en hombres y mujeres, la cosa cambia: 3,9% para hombres Y  9,7% para mujeres; frente 7,3% para hombres Y  6,4% para mujeres que sufren diabetes. 121 millones de personas experimentan un episodio de depresión cada año en el mundo. Mañana 7 de abril, día Mundial de la Salud, está dedicado a la depresión. Hablemos.

Arya stark by @elchicollama

Cuando el interruptor está en posición de encendido se activan alteraciones emocionales como tristeza, ansiedad o irritabilidad; alteraciones del pensamiento y somáticas  como el sueño, dolor, apetito o digestivas y alteraciones motivacionales como memoria o atención.

La química en este caso ayuda a hacer click, apagar este racimo de síntomas trabajando de “segurata” a las puertas del cerebro. La evolución en los psicofármacos consigue la acción específica entre antidepresivo y neuroquímico. Lo curioso es que este desarrollo se ha servido de otras enfermedades. Es el caso de la iproniazida, un fármaco antituberculoso que provocaba euforia, rápidamente aprovechado por psiquiatras como tratamiento ante enfermedades mentales.

Evolución en el tiempo de psicofarmacos

Como se ve en la estructura, los fármacos tricíclicos están formados por 3 ciclos y actúan bloqueando el mecanismo por el que las neuronas reabsorben neurotransmisores, la recaptación. El desarrollo en investigación psicofarmacológica del siglo pasado se basó en la estimulación e inhibición de los receptores.

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 La revolución de este éxito es la segunda generación de antidepresivos, el conocido Prozac o hidrocloruro de fluoxetina, capaz de bloquear específicamente diversos receptores identificados en el sistema de la serotonina para influir únicamente en los síntomas específicos casi sin efectos adversos.

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Aparecen los inhibidores de la enzima monoaminooxidasa (IMAO), como Tranilcipromina y Mocoblemida (Manerix) . Estos fármacos intervienen en el metabolismo de neurotransmisores amínicos, que son serotonina y dopamina entre otros. El problema es que interactúan con otros medicamentos y con alimentos ricos en tiramina (quesos, embutidos, chocolate,..).

La evolución de la psicofarmacología nos lleva a L-5-hidroxi-triptófano u Oxitriptano (Cincofarm) precursor fisiológico de la serotonina.

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La vortioxetina (Brintellix) continúa la familia de segunda generación. Las bisarilsulfanil aminas tienen doble trabajo: inhiben el transportador de serotonina y modulan la actividad del receptor de la serotonina. Esto provoca un aumento de los niveles de serotonina, dopamina, acetilcolina etc.

Cada vez hay más actores “a las puertas del cielo” cerebral, y ahora de la mano de la Biología: http://www.ciberisciii.es/noticias/nueva-estrategia-farmacologica-para-un-tratamiento-mas-rapido-y-eficaz-de-la-depresion

"stranger things" by elchicollama

Termino con un fragmento de la obra de Rosalía de Castro, “El primer loco”, donde Luis, enfermo de amor, presenta lo que todavía se tiene que reivindicar: no solo la integración, sino la inclusión de cualquier diferencia en la sociedad.

 

Lo que voy a decirte es la verdad amarga y desnuda que podrá herir, pero nunca maltratar, sucede eso y otras cosas peores todavía, porque el egoísmo individual ahoga en germen entre nosotros  todo entusiasmo, seca en flor todos los propósitos; porque la gloria de los demás nos estorba y no es agradable nuestra pequeñez, porque queremos ser únicos y nos ofende lo que los demás hacen y nosotros dejamos de hacer; en fin, porque agrada que todo lo que nos rodea sea cortado por igual, y ¡ay del que sobresale sobre los demás!.

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EN LA CABINA

portada cabina

No sé la razón que me hizo entrar en la cabina, pero sí recuerdo la necesidad de hacer la llamada. A pesar de vivir en un siglo de nuevas telecomunicaciones, apps y móviles, tenía que pasar hacia dentro. Quizá solo era la necesidad de estar solo, respirar mi espacio, perder el contacto por un momento y huir.

Parece que cada día hay menos, pero las cabinas están ahí, donde han estado toda la vida, islas en alguna calle de cada ciudad.

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La última vez que entré lo sentí desde el principio: una sensación de angustia por la imposibilidad de salir; sus puertas de apertura abatible pertenecen a la armadura metálica, cercando el espacio en 85 cm de largo. No es difícil entender cómo el atrayente aislamiento de la vorágine pasa a ser el alcatraz proporcionado en un instante.

Y así lo vives vengas de donde vengas. Un terror a moverse, no poder hacer nada que te corre por el cuerpo como la sangre. Ese día no llovía, estaba despejado y transitaba una multitud ingente a mi alrededor. La vergüenza de sentirme débil no permitió ni cruzar mirada con ellos. Esos caminantes fuertes muestran gallardía y vitalidad; caminan, corren, hablan sin asíntota limitante.

cabina

La fatiga me inutilizaba. Si pudiera descender al suelo, a esos 85 cm de largo y ancho descansaría esta tristeza profunda que no desaparece aquí dentro. Pero me es imposible mantener los ejes de abscisas y ordenadas en el sistema referencial. El aire nunca corre por que la cabina es hermética e impenetrable por más seres que uno mismo. Así lo vives tú solo, sin comunicación ni covalencia incómoda.

 Las ventanas aun siguen opacas debido a las pintadas y actos vandálicos, aunque lo prefiero así, opaco y confuso. Evito interacción cualquiera posible porque no tengo ganas de nadie, quiero tranquilidad aquí dentro.

lateral cabina

Desconozco que fue lo que lo provocó, pero sabía que todo estaba mal e iba a peor. El suelo comenzó  a cubrirse con agua negra viscosa del exterior. 7225 cm2 al que restarle la superficie que ocupan mis pies.

A pesar de alcanzarme ya los tobillos, seguía sin poder moverme.  ¿qué me pasa?, ¿soy imbécil?. ¿no puedo marcar y alarmar a alguien?. Un intenso dolor me recorre de pies a cabeza que aploma mis brazos magnéticamente hacia el agua negra. Me pregunto cómo llegué hasta este punto, pero no hay respuesta. Soy incapaz de actuar y mi cerebro responde por mí, dirige por mí.

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El agua negra bituminosa no tiene olor pero embriaga. Serpentea fría por mi cuerpo en ascensión sin resistencia, reconociendo mi frustración. No hay constructo de escape ni decisión inercial y esta amenaza sigue fluyendo infinita hacia mi boca. Poca salida tengo después de esto.

El fluido viscoso disfruta de zonas no cercanas a superficies sólidas, donde pierde su capacidad frente a fuerzas de inercia o de presión. Simplifica considerablemente la ecuación o el éxito de mi huida.

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Para cesar la contención mecánica sé que lo tengo que hacer. Las extremidades trepidan vigorosamente gobernadas por pulsos internos. No soy yo, tan desmañado como para conseguirlo solo.  Ellas actúan autónomas más rápidas que mi vista con el rumbo fijado al Norte.

La barbilla ya flota sobre el agua tenebrosa, poco queda que hacer a estas alturas. Mis cuencas oculares rotan para observar como me abraza y allí, en su capa externa lustrosa, pude verla a ella. Estaba aquí conmigo para buscarme, para ayudarme o para condenarme. ¡qué más daba ya! Era ella. Por fin la paz que esperaba.

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La ambivalencia es presidente de mi frustración, maneja mis partes autónomas sin mi consentimiento. Falanges temblorosas revolotearon en vertical hacia el teclado, salvando la tensión superficial del líquido liberador.

-Sí, soy yo.  Hablemos.

Dia Mundial de la Salud. Hablemos de la depresión.

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